Con mucha tristeza despedimos a una gran hacedora del Colegio San José, quien fuera directora también durante muchos años.
Estamos eternamente agradecidos por todo lo que nos forjaste como institución educativa.
Gracias por todo el amor que nos diste querida Hna Victoria, un ejemplo de entrega y santidad cotidiana. Gracias por todo lo que hiciste por las jóvenes en situación de riesgo y por la querida Congregación. Descansa en paz en los brazos de tu amado SEÑOR.
Carta de la Hna. Gabriela Valot
Queridas Hermanas de la Comunidad de Tucumán, querida Pilar y familia de Hna. Victoria:
El Señor ha mirado nuevamente con amor a la comunidad de Ustedes y con ternura de Padre, abrazó a Hna. Victoria, para llevarla de regreso a su casa…
Querida Pilar, queridas Hermanas, cuánto siento estar lejos, no poder acompañarlas allí. Dios sabe que me uno a ustedes con el cariño y la oración, pidiendo al Señor por el eterno descanso de la Hna. y por el consuelo y la fortaleza para ustedes.
Damos gracias al Señor por el regalo de su larga y fecunda vida, por su entrega generosa; por tantos años, acompañando a Hermanas, Novicias en sus años como Maestra de novicias, a las chicas, laicos, amistades, vecinos, tanta gente que sería interminable… pero quienes tenían un lugar especial en su corazón los pobres, los enfermos y quienes atravesaban alguna situación difícil. Para ellos Victoria era el rostro misericordioso y entrañable del Padre, la ternura de la Madre.
He tenido la dicha de ser alumna del colegio y como directora era especial, su ejemplo nos enseñaba, sus detalles de cariño, el estar siempre atenta a las necesidades de alumnas, familias, de todos los que integraban la gran familia del colegio San José…. Sus largas horas nocturnas en la dirección, trabajando incansablemente para el Colegio… Sus palabras siempre atinadas, cariñosas, cercanas, su sonrisa dulce y serena. Sus ojos que traslucían paz, amor de Dios.
Misionera incansable por el barrio de Martínez, docente de alma, amiga de pobres, ancianos y de todo quien necesitara de consuelo, detallista, pacificadora, mujer enamorada de Dios, que vivía desde El y con El hasta los detalles más sencillos, y a la vez tan humana, tan hermana…
Damos gracias por su sencillez, su fraternidad y por esa sonrisa tierna que iluminaba su rostro. Estoy segura que en el corazón de ustedes, quedan cantidad de anécdotas y recuerdos, de lo vivido y compartido con Hna. Victoria. Nos quedan sus poesías, sus escritos oportunos para cada una, para cada celebración.
Ella estaba pronta para el encuentro con el Señor. El Padre la recibe con los brazos abiertos y la hace gozar en su casa y a Ustedes, mis queridas Hermanas, querida familia, les regala el consuelo del cariño y los cuidados prodigados.
Sea Hna. Victoria intercesora ante el Señor y le presente nuestras necesidades y desafíos para responder cada día con más generosidad a su amor, en la comunidad y la misión.





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